Conmemoremos a nuestros muertos

Esta mañana mi teléfono sonó exactamente a las 6:00 de la mañana, aún no había abierto mis ojos, busqué desesperadamente el aparato telefónico para hacerlo callar, pero algo en mi mente rápidamente me indicó que debía contestar. 

Lo levante y escuché al otro lado del megáfono cuando mi mamá me decía:  un día como hoy hace 50 años llegaste al mundo, en ese momento y hasta este día le doy gracias a Dios por haberme permitido traerte al mundo.  Aquello retumbó en mi cabeza como un balde de agua fría, me cantó las mañanitas y luego se despidió.  Minutos más tardes mi teléfono volvió a repicar y esta vez era mi nieto de dos añitos llamando, Papa, Papa, “happy birthday” me dijo, aquella voz tan pequeñita también retumbo en mi cabeza.  Comenzó de inmediato una pelea dentro de mi, que era inexplicable, en cuestión de un par de minutos estaba pensando en la vejez y la juventud, aquella incertidumbre de lo que era mi vida, de mis disfrutes, mis tristezas, mis alegrías, mis familiares, mis amigos.

 Seria que como dice la canción de Alberto Cortez, que hoy comenzaba a vivir la otra mitad de mi vida, o más bien tendría que decir como Mercedes Sosa,  Gracia a la Vida, por haberme dado tanto.  ¡Era verdad!  Tenia que dar gracias a la vida por haberme dado tanto.  Había tenido el privilegio de ver dos siglos, la oportunidad de disfrutar a mis padres, de casarme, con una mujer maravillosa, tener dos hijas, a las que amo, me había dejado ver a mis nietos, en fin había casi consolidado mi vida.

 El teléfono había sonado y había tenido el privilegio de oírlo, había tenido la oportunidad de abrir los ojo y podía ver, había podido enviar un mensaje a mi cerebro para que este a su vez dejara que mi sistema nervioso y mis músculos en combinación me permitiera mover mi brazo, se estirara y me permitiera alcanzar el aparato telefónico, ¿que complejo verdad?, lo había podido agarrar, había abierto mi boca y habían salido palabras de la misma.  Que dichoso soy, me dije a mi mismo, todo lo que he logrado en un segundo, descubrir este  privilegio era tan grande, como el estar vivo.

 En un pequeño instante hice un análisis, era verdad, estaba vivo. Nunca antes había sentido esta sensación, nunca me había permitido el privilegio pensar y darme cuenta de que la vida era hermosa.

Llegó a mi mente la letra de una vieja canción que escuché interpretar tanta veces a mi amiga de siempre Renee Barrios, El Viaje, de Concha Valdés Miranda, donde se expresaba prácticamente mi vida, o  mejor dicho la vida de todos aquellos que tenemos la oportunidad de vivir hasta los cincuentas o más.  Lo que pasa a los veinte, a los treinta, a los cuarenta y a los cincuentas. 

En ese momento me puse a orar.  Le pregunte a nuestro Señor hacedor de la vida.  ¿Me darás la oportunidad de vivir algunos años más?  Pensé en las veces que le dije a mis amigos, cuando habla con ellos y me preguntaban: ¿que haces?  Yo siempre les contestaba: Aquí viendo a ver si me dejan llegar hasta fin de año. ¿Que tú crees, me darán la oportunidad?  Siempre se reían de esta expresión.  Pero ahora estaba hoy  aquí 1ro de marzo, y pensando, ¿será que me dejaran llegar a fin de año?  ¿Que incertidumbre, verdad?  Será que hoy comenzaba yo a contar el tiempo, será que voy a comenzar a apreciar más cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo.  Será que comenzaba a mirar la vida desde un punto de vista diferente.  Será que comenzaba a pensar que las verdaderas prioridades de la vida, son amarse uno mismo, amar a otros y tratar de dar lo mejor de uno cada día.

Señor gracias nuevamente por este privilegio de dejarme llegar a este medio siglo, medio siglo, me parece como si fuera algo bien antiguo.  Pero que bueno haber llegado a él.

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